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«La plenitud sexual está en la vida matrimonial»
El psiquiatra doctor Aquilino Polaino habla sobre sexualidad
Para el doctor Polaino, ha habido en las últimas décadas dos grandes rupturas culturales, con respecto a la sexualidad. Por un lado, está la que se produjo, a partir de los años 60, entre «sexualidad y reproducción», que apareció con las pastillas contraconceptivas y otros procedimientos similares. Cuando hombre y mujer mantienen una relación sexual abierta a la vida, conforman una auténtica comunión; sus organismos se funden en uno solo, se complementan para una función en la que ninguno de los dos puede prescindir del otro. Culmine o no esa relación en embarazo, los esposos han cumplido ya con su parte; lo demás no está en sus manos. Cuando sólo hay búsqueda del placer, propio o mutuo, se reduce la sexualidad a puro hedonismo, y se la priva, por definición, de su trascendencia objetiva: la capacidad de generar vida. En segundo lugar, está la ruptura, trágica y generalizada, especialmente entre los jóvenes, que ha desvinculado «sexualidad de afectividad». Se trata, entonces, de una sexualidad empobrecida y empobrecedora, parcial, deshumanizada, y, de esta forma, frustrante.
Cambia el lenguaje, las formas de expresarse, pero el hombre es y será siempre una unidad de cuerpo y alma, y desde esa unidad se abre y ama a los demás. La sexualidad puede banalizarse, pero al hombre sólo le llena cuando es donación total a otra persona. De lo contrario, el potencial destructivo del sexo es enorme, como constatan los profesionales de la Psiquiatría y de la Psicología.
El sexo es preconizado por unos como una de las mayores diversiones que puede tener el ser humano adulto, ensalzado como un fin en sí mismo, y exagerado hasta rayar en lo ridículo. Al mismo tiempo, es objeto de tabúes, de miedos, de leyendas negras... Nadie duda de que el sexo es todo un regalo para los sentidos y el corazón.
En lo que ya hay más problemas es en afirmar que este regalo sólo implica un auténtico bien para el hombre cuando su vida sexual es saludable y plena. Porque la definición de vida sexual saludable resulta controvertida y muy políticamente incorrecta, si se profundiza en ella desde otra perspectiva que no sea la de la corriente mayoritaria: todo vale, con tal de que haga disfrutar.
¿Quién osaría afirmar que una vida sexual plena es aquella que se da, exclusivamente, en la intimidad del matrimonio? Psiquiatras como el doctor Aquilino Polaino, Director del Departamento de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, lo hacen sin duda alguna: «Una vida sexual plena .explica. es aquella en la que están perfectamente integradas la sexualidad como conducta sexual activa (relaciones físicas hombre y mujer) con la afectividad y la comunión entre ambos. Creo que la plenitud sexual está en la vida matrimonial, donde el encuentro hombre-mujer es más propicio para que esas tres dimensiones se ensamblen perfectamente».
En el sexo, en otras palabras, entra en juego toda la persona. Si su potencial creativo es enorme .en última instancia, da lugar a una nueva vida., mal utilizado, en cambio, tiene un enorme potencial destructivo. Por ello, todas las culturas han buscado privilegiar el matrimonio como ámbito para las relaciones sexuales, y, por supuesto, para el cuidado y educación de los hijos. Se entiende así que el concepto de salud sexual no deba reducirse al acto físico del sexo.
Los cónyuges, como explica el doctor Polaino, necesitan cuidar su comunicación, compartir intimidades. De otro modo, puede empobrecerse la sexualidad, y aparecer problemas añadidos, «como la impotencia, la inhibición de la líbido, o la anorgasmia» (incapacidad de alcanzar orgasmos), explica. «Una sexualidad es mucho más plena, y por tanto produce más felicidad, y a la vez es más humana y completa », cuando existe esa intimidad entre dos personas en todos los ámbitos, lo cual, de nuevo, lleva a subrayar la importancia del matrimonio.
Todo tiene un precio. En una época de aparente liberación, donde en la universidad se habla de sexamigos, es decir, de compañeros con los que sólo existe una relación sexual y nada más (la amistad o las relaciones personales se tienen con otros), comienzan a aparecer problemas de frustración y desencanto. Puede que no se diga muy en voz alta, pero los médicos saben muy bien de qué se trata.
El doctor Polaino se refiere a una reciente encuesta, según la cual los españoles tienen relaciones sexuales una vez cada tres días, y sin embargo no están satisfechos con su vida sexual. «El motivo es que está despersonalizada, afirma.. Mantienen relaciones sexuales, pero siguen teniendo hambre de encontrarse con una persona, de esa plenitud que se produce en el encuentro persona a persona».
(A. Llamas Palacios, Alfa y Omega, n. 543).
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